El 17 de junio de 1821, en el cañadón de la Horqueta, a pocos kilómetros de Salta, el general Martín Miguel de Güemes entregó su vida tras once días de agonía tras recibir un balazo en la espalda durante un atentado perpetrado por realistas infiltrados. Tenía apenas 36 años, pero su figura ya se había ganado un lugar indeleble en la historia de la independencia sudamericana. Nacido en Salta en 1785 en el seno de una familia acomodada, Güemes ingresó muy joven al ejército y participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas de 1806 y 1807. Fue en el norte, sin embargo, donde su genio militar y su capacidad de liderazgo popular encontraron su verdadero escenario. A partir de 1815, asumido el mando militar de la provincia de Salta, organizó una guerra de guerrillas que resultó decisiva para contener a los ejércitos realistas del Alto Perú. No disponía de ejércitos regulares ni de armamento moderno; su fuerza residía en la gauchada, una fuerza irregular compuesta por gauchos, campesinos, indígenas y mestizos que conocían el terreno como la palma de su mano y combatían con lanza, boleadoras y facón, hostigando al enemigo con incursiones relámpago, emboscadas y retirada estratégica. Esa guerra de recursos, conocida como la guerra gaucha, desangró a los realistas, les cortó las líneas de abastecimiento y les impidió descender hacia Tucumán y Córdoba, permitiendo así que el general San Martín pudiera cruzar los Andes y emprender la campaña de Chile y Perú sin temor a un ataque por la retaguardia. Güemes no solo fue un caudillo militar; fue también gobernador de Salta elegido por la voluntad popular, y gobernó con un sentido de justicia social que le granjeó el cariño del pueblo llano y el odio de las élites salteñas conservadoras, que lo veían como un caudillo peligroso y terminaron conspirando para entregarlo al enemigo. Herido mortalmente el 7 de junio de 1821, se negó a rendirse y, ya moribundo, cabalgó hasta la Horqueta para morir entre sus gauchos, negándose a caer en manos del enemigo. Sus últimas palabras, según la tradición, fueron para encomendar a sus hombres la defensa de la patria. Su muerte no significó el fin de la resistencia: la gauchada continuó la lucha y, pocos meses después, las tropas realistas se retiraron definitivamente del territorio argentino. La fecha de su fallecimiento fue declarada feriado nacional en 2016 mediante la ley 27.258, que declaró el 17 de junio como día del Paso a la Inmortalidad del General Martín Miguel de Güemes, elevándolo a la categoría de feriado nacional inamovible, al mismo nivel que el 17 de agosto por San Martín y el 20 de junio por Belgrano. Cada 17 de junio, Salta se viste de fiesta y duelo a la vez: desfiles gauchos recorren las calles, se rinden honores en el Panteón de las Glorias del Norte donde descansan sus restos, y en las escuelas se recuerda su figura como símbolo de federalismo, federalismo verdadero, y de la capacidad del pueblo llano para ser protagonista de su propia historia. Curiosamente, Güemes es el único caudillo federal que logró ser reconocido como héroe nacional por el Estado unitario y centralista que predominó durante gran parte del siglo XIX, lo que habla de la fuerza de su leyenda y de la imposibilidad de borrar su huella en la independencia del norte argentino. Su figura sigue inspirando debates historiográficos: para algunos, fue un caudillo federal que defendió la autonomía de su provincia; para otros, un estratega militar que entendió mejor que nadie la geografía y la sociología del norte argentino y supo convertir la debilidad material en fortaleza táctica. Lo cierto es que, sin la guerra gaucha que él lideró, la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata habría corrido un riesgo mucho mayor en su flanco norte, y la campaña libertadora de San Martín habría enfrentado un frente adicional casi imposible de sostener. Hoy, cada 17 de junio, los gauchos salteños siguen cabalgando hacia la Horqueta, repitiendo el gesto de su general: morir de pie, mirando al norte, custodiando la patria que él soñó libre y federal.