El Día de la Bandera argentina se celebra cada 20 de junio desde 1938, cuando el Congreso Nacional estableció la fecha como feriado nacional inamovible mediante la ley 12.361. La elección del día no es casual: coincide con el aniversario del fallecimiento de Manuel Belgrano, ocurrido en Buenos Aires en 1820, quien diseñó la enseña que hoy identifica a la nación. Belgrano, abogado, economista, periodista y militar, concibió la bandera como una necesidad práctica durante la guerra de independencia: distinguir a las tropas patriotas de las realistas en el campo de batalla. La primera vez que flameó fue el 27 de febrero de 1812 a orillas del río Paraná, en la actual ciudad de Rosario, en una batería que él mismo mandó construir y denominó «Libertad». Los colores celeste y blanco ya habían sido usados en la escarapela nacional, aprobada pocos días antes por el Primer Triunvirato, y Belgrano los trasladó a un paño rectangular que enarboló frente a sus soldados.
La bandera no tuvo reconocimiento oficial inmediato. El Triunvirato ordenó guardarla por considerar que su uso podía interpretarse como una declaración de independencia prematura, algo que el gobierno no estaba dispuesto a asumir en ese momento. Recién el 25 de julio de 1816, semanas después de la Declaración de la Independencia en Tucumán, el Congreso de las Provincias Unidas del Río de la Plata la adoptó como símbolo oficial de la nueva nación. El diseño original constaba de tres franjas horizontales: celeste, blanca y celeste. En 1818 se incorporó el Sol de Mayo en la franja central, inspirado en el sol que figura en la primera moneda argentina y en el escudo nacional, con sus treinta y dos rayos alternados rectos y flamígeros. Esta versión, conocida como «bandera de ceremonia», se utiliza en actos oficiales, mientras que la versión sin sol, llamada «bandera de ornato», es de uso civil.
La conmemoración del 20 de junio adquirió mayor relevancia a partir de 1938, cuando el presidente Roberto Marcelino Ortiz promulgó la ley que la declaraba feriado nacional. En 1944 se inauguró el Monumento Nacional a la Bandera en Rosario, en el mismo lugar donde Belgrano la enarboló por primera vez. Ese monumento se convirtió en el epicentro de los actos centrales: cada año el presidente de la Nación o su representante encabeza la ceremonia junto a autoridades provinciales, municipales, fuerzas armadas y delegaciones escolares. Los estudiantes de cuarto grado de todo el país realizan la promesa de lealtad a la bandera, un rito cívico que comenzó en 1909 por iniciativa del maestro rosarino Juan Martín y que se extendió progresivamente a todas las escuelas. La promesa no es un juramento militar sino un compromiso ético de respetar los valores que la bandera representa: la libertad, la igualdad, la solidaridad y el trabajo por el bien común.
Más allá del acto protocolar, la fecha invita a recuperar la figura de Belgrano en su dimensión integral. No fue solo el creador de un símbolo; fue un pensador que abogó por la educación popular, el desarrollo económico autónomo, los derechos de los pueblos originarios y la igualdad jurídica. Escribió «Memoria sobre la educación» proponiendo escuelas gratuitas para niñas y niños, fundó la Escuela de Náutica y el Colegio de Comercio, y defendió la industria nacional frente al librecambio que beneficiaba a las potencias extranjeras. Murió en la pobreza, casi olvidado, el 20 de junio de 1820, mientras las guerras civiles desgarraban a las provincias que él soñó unidas. Sus restos descansan hoy en el atrio de la iglesia de Santo Domingo, en Buenos Aires, a pocos metros del Cabildo donde flamea la bandera que él imaginó.
Una curiosidad poco conocida es que la bandera argentina inspiró directamente a la de Uruguay, diseñada por Joaquín Suárez en 1828 con los mismos colores pero nueve franjas que representan a los departamentos originales, y al Sol de Mayo idéntico. También influyó en la bandera de Honduras y en la de Nicaragua, adoptadas décadas después. En el lenguaje cotidiano, «jurar la bandera» se usa como sinónimo de comprometerse con una causa noble, y el himno a la bandera, compuesto por Leopoldo Corretjer con música de Carlos López Buchardo, se canta en las escuelas cada 20 de junio desde 1939. La fecha, al caer en pleno otoño austral, suele acompañarse de cielos despejados que hacen más visible el celeste y blanco en mástiles, balcones y ventanas, recordando que los símbolos no son objetos inertes sino pactos vivos entre generaciones.